sublime el momento en que con mi taza de té o de café, o mi vaso de birra o de vino, armo un cigarro con los dedos, lo fumo y escribo unas líneas contemplando la nada, utilizando la oportunidad de paz respectiva de cada madrugada para limpiar un poco más el caos del alma son exactamente ocho minutos
que no se te caiga la tiza que la luna crezca crezca que llegues al fondo al centro de la estrella que enciendas fuegos que acaben con todo el hambre del mundo que la lucha es aquí y es ahora
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